Mes: marzo 2020

  • La Sombra

    Estaba encerrado en la casa, ya había pasado una semana desde que dejó de caminar por ella, y se confinó directamente en el dormitorio. Había dejado la luz encendida de la sala, lo que permitía que algo claridad se filtrara a la pieza. De a ratos, la sombra pasaba por frente a la puerta, a veces se detenía en frente y todo queda completamente a oscuras, después se iba por la cocina y por el baño; como un ciclo que no tenía fin, pero que de a poco era más lento en el tiempo que estaba en cada lado. No podía alejar las sábanas que cubrían su rostro hasta la nariz, era el mejor escudo que había podido improvisar en el momento que notó ese movimiento, el cual sabía no tenía razón de ser, ya que tenía cerca del mes que estaba encerrado. La comida era un problema, ya casi no tenía, pero el baño interno le proporcionaba el agua necesaria para no morir de sed, aunque más de una vez lo pensó como una idea, mas la desesperación lo obligaba a hidratarse. Tenía que ser rápido para que lo que estaba afuera no notara su movimiento, por lo menos eso era lo que pensaba.

    Se volteó para intentar dormir, ya eran más de las tres de la mañana, y cuando estaba a punto de hacerlo, el sonido del picaporte lo despertó, se incorporó un poco, retirando la sábana que en ese momento le estaba cubriendo toda la cara, y vio el lento movimiento que liberaba el viciado aire de la pieza. La puerta se abrió y se detuvo, solo unos cuantos centímetros, quizás lo suficiente para espiar un poco -pensó-. El tiempo que pasó así pareció interminable, la espalda le dolía mucho por estar torcido, ya que se había quedado inmóvil; se dio cuenta de que empezaba a amanecer ya que la luz se hacía más fuerte cada vez. Sintió una respiración agitada -algo que después le parecería raro ya que estaba relativamente lejos de la puerta para poder sentir una respiración-, y pudo ver que la luz se hizo de pronto muy fuerte. El silencio reinó por unos minutos, podía ver como la oscuridad había dejado la mayoría de la habitación. No había nada, ni nadie en la puerta. Se incorporó un poco y no notó cambió, su determinación, empujada por el terror, le hizo acercarse para espiar por la apertura que podía traer la salvación o, bueno, lo que no quería -pero a veces deseaba-; cosa que en realidad ya no le importaba mucho, se había rendido ya tantas veces; pero este pequeño regalo, o esta pequeña treta, era lo suficientemente importante para que se arriesgara a tener esperanzas. Lentamente miró para un extremo y el otro, y no vio nada. Su mirada se detuvo en el espejo que estaba frente a la puerta, siempre lo usaba para controlar su ropa antes de salir, quizás fue la sorpresa de ver su pálido y huesudo rostro desnutrido, lo que no le hizo dar cuenta en el momento de que la habitación estaba en completa oscuridad; pero cuando lo notó y estaba por darse la vuelta, pudo ver que la sombra se corría del fondo, y sentir la respiración pesada ahora en su oído, junto con el aliento que erizó todo su cuerpo, dándole el impulso de abrir la puerta del todo para salir corriendo. Rompió la ventana, porque sabía que la puerta estaba cerrada con las múltiples cerraduras que la caracterizaban. Se cortó un poco los brazos, pero eso no le importaba, el sol en su piel le llenaba de una felicidad que había olvidado hace mucho tiempo. Los pasos en su espalda, pesados y veloces -más que pasos galope-, no le importaban; sabía que ya no le buscaban, y una leve tristeza le incomodó un segundo pensando a quién iban a buscar ahora con tanta prisa.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar