Mes: junio 2020

  • Dime de qué trabajas y te diré quién eres

    En el mundo que vivimos los pensamientos generalizados son algo que siempre se van arraigando en las personas. En ese sentido, lo que nos define siempre está ligado también a lo que hacemos. Poniéndome de ejemplo, si conozco a alguien y le cuento que soy escritor, seguramente me preguntará qué libros escribí, o dónde publico mis obras, cuánto gano, y demás. Y si la respuesta no es algo que se asocie con obtención de ganancias directas, sino que muchas veces lo hago por placer; la respuesta más probable será que es algo «amateur», o un «pasatiempo»; ya que no me dedico profesionalmente a ello, por lo menos no de forma remunerada. En ese sentido hay dos cosas que se pasan por alto: La primera es que no siempre lo remunerado se hace de manera profesional, o que lo profesional indica cierto nivel en lo que se hace; simplemente es algo de lo que se hace una profesión, pudiendo ser bueno o no, y sentir gusto por hacerlo, o no. Y segundo, que esa profesión no es algo que define a la persona de forma directa. Siguiendo por ese pensamiento, una persona que se recibe de abogado y que termine siendo taxista -una comparación muy normal-, no será un abogado, será un taxista que se recibió de abogado. Eso puede ser cierto o no, de lo que depende es si a ese taxista le gusta ser taxista, o si su corazón está en ser abogado, aunque no pueda ejercer.

    Para ponerlo desde otra perspectiva, se dice siempre que ningún trabajo es malo, porque siempre es bueno poder trabajar; pero al momento de elegir en uno siempre estará la idea, sea consciente o no, de que eso terminará por representarnos, por definirnos. Existe por ello una vergüenza en trabajos como personal de casa de familia, limpieza, albañil, recolector de residuos, etcétera. ¿Pero realmente es un trabajo malo? ¿Define eso a una persona? Una persona no puede definirse por su profesión, a no ser que su profesión sea algo que no se pueda desprender de su piel. Existen muchas cosas que nos definen mucho más profundamente que “Roberto, el abogado”, “Natalia, la ingeniera”, etcétera; porque quizás Natalia trabaje de ingeniera porque es algo que sabe hacer, y puede que lo haga muy bien; pero su pasión es tocar la guitarra; y puede que no lo haga tan bien. Entonces, ¿Natalia debe definirse como ingeniera o música? ¿Y Roberto debe dejar de lado su pasión por la cocina? Sería raro que alguno de ellos se presente como cocinero o guitarrista, si no perciben una remuneración sobre ello; y eso es debido a una cosa muy simple: Su trabajo los define.

    Pienso en eso y me parece algo muy triste, porque es dejar mucho de nosotros en el camino, solo por destacar un logro académico, o esconder una vergüenza por un trabajo manual cotidiano; siendo que es algo que es necesario, y sin ello el mundo no avanza, por lo menos el mundo de las personas. Es algo similar como decir: «—Hola, me llamo Raúl, y mi signo es cáncer; eso te tiene que dar una muy buena idea de cómo soy». Nada más lejano a lo que realmente puede ser. Porque si Natalia me dice que es guitarrista, pero trabaja de ingeniera; puedo saber mucho más de lo que a Natalia la define. Y si Roberto me dice que la comida que está servida la hizo él porque es cocinero, que aprendió por sí mismo haciendo incontables cantidades de recetas; y que puede hacerlo gracias a su trabajo de abogado; ¿eso no me acerca más a él de alguna forma? O por lo menos a lo que él representa, o como se representa en el mundo. Y puedo imaginarme sin duda contándomelo con alegría y pasión, en lugar de un simple «soy esto», «soy aquello».

    Cuantas pasiones verdaderas se extinguen en el pensamiento de que no podemos tenerlas, o explotarlas, porque no son algo a lo que podamos dedicarnos; y ese mismo pensamiento muchas veces hace realidad que sea de esa manera. Claro que no hay que ser tan inocente pensado que siempre se va a poder vivir de lo que a uno le gusta, pero claramente nunca se podrá saber si no se intenta. Tampoco se puede decir que vamos a ser buenos en eso, porque muchas veces eso no se da, volviendo con el punto anterior, la mayoría de las veces porque no se invierte mucho tiempo para lograrlo. Un ejemplo que puede servir para ejemplificarlo es el trabajo de medio tiempo y el estudio. Si no se estudia lo necesario, lo principal terminará siendo ese trabajo; es por eso que se toma el tiempo -la mayoría de la veces- para no desperdiciarlo cuando no se trabaja, estudiando.

    Siempre el mundo nos va a definir en la medida de que nosotros no nos hayamos definido, y podamos discernir entre lo que somos y lo que hacemos -o no hacemos- para ser lo que somos.

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