El problema de la «e»

Hace unos días me sorprendí con uno de los recuerdos de Facebook (herramienta muy útil para traernos recuerdos de personas que muchas veces ya no somos), en el que decía que había cosas que no lograba entender, como el lenguaje inclusivo. Sin embargo, el tiempo pasa y muchas veces eso ayuda a encontrar ciertas respuestas, por lo menos temporales.

Como siempre voy a partir de un punto generalizado y de ahí deconstruir un poco. Tomando la definición de la RAE, «incluir» sería poner algo o a alguien dentro de una cosa o de un conjunto, o dentro de sus límites. Esto quiere decir que hay muchas formas de incluir a alguien en una conversación, discurso, escrito, etc.

No es algo que haya empezado hace poco tiempo, antes ya se usaban símbolos como @ para sumar el conjunto a/o, también se usó/a “x”, o directamente una elipsis. Actualmente la moda está en la “e”, y el uso de uno u otro no es algo que realmente me moleste, pero prefiero hacer el uso de la elipsis de ser necesario.

El problema de la “e”

En realidad no hay un problema como tal en el uso de la “e” para dar el sentido de inclusión en un discurso, independientemente del formato que tenga, el problema radica en forzar el mismo. Reformulo, en el intento de no dar un género definido en ningún momento, se tiende a quitar el género en cada palabra que pueda tener una connotación sexista, en todo momento. Esto presenta el problema en sí, porque lo que se busca es normalizar ese tipo de expresión, y que pase a ser el uso común. Viendo esto con una analogía sería así: Si se usa una espada que tiene mucho filo para cortar todas las ramas que se crucen por el camino, cuando se necesite realmente cortar algo, ese filo ya se habrá gastado.

Es por eso que ver o escuchar el uso del lenguaje inclusivo en contextos en donde no son necesarios, quita importancia a su uso; el naturalizarlo solamente lo hará más abstracto, el aprender el lenguaje de esa manera quitará el poder generar un quiebre, una pausa reflexiva en lo que se dice.

Pese a eso no estoy en contra de que se use, creo que queda claro que en mi punto de vista (vamos a subrayar esto por las dudas no se entienda que siempre estas publicaciones son opinión personal) el uso tiene que estar condicionado a un fin específico. Para todo lo demás están los hiperónimos, o la riqueza misma del idioma, el español es muy detallista en sus términos en contraste con su par inglés, en donde el género cae muchas veces en el contexto. Como ejemplo de esto es decir «la gente» o «las personas», en lugar de «el hombre», y así con todo lo demás.

Realmente se podría hablar mucho del rol del lenguaje en la representación del mundo (tomando el escrito anterior), pero eso ya será para otra ocasión. Simplemente me quedé con el uso masivo que se le da mayormente interpolando diferentes cosas, hasta lo cotidiano de una charla sobre cualquier tema, que lo que menos que tiene que ver es con algo sexista. Será cosa de ver con el tiempo nuevamente hacia donde me lleva el pensamiento, porque ir aprendiendo forma parte de poder desprenderse de todo lo aprendido.

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