Mes: julio 2020

  • Ojo por ojo: el mundo del absoluto Yin y el solitario Yang

    Ojo por ojo: el mundo del absoluto Yin y el solitario Yang

    En estos tiempos que se viven, muchas veces no me deja de sorprender la forma en la que todo se tiende a tomar como absoluto. El contraste es algo que determina y limita todas las acciones, alguien es bueno o es malo; no hay espacio para una tercera opción, las equivocaciones existen, claro está, pero se dejan como algo accesorio a la persona, ya definida por lo anterior.

    Mucho de esto se define también por la forma en la que la información llega a la mayoría, manipulada para que pueda decir aquello que sea interesante, aquello que venda. Y ese es quizás el eje de la mayoría de las cosas, el dinero y el poder, y este último en relación al conocimiento, o la manipulación de él.

    Hace tiempo en una conversación salió el tema de la inseguridad, y de que no se podía estar en la calle por todas las cosas que pasaban, algo que no es falso, pero tampoco absoluto. Si lo supusiéramos totalmente cierto tendríamos que no se podría salir de casa, no obstante, se sale, se anda, se vuelve (a veces no).

    Algo demasiado profundo para poder dejarlo en unas cuantas palabas sin entrar en casos concretos, pero la esencia que me queda de estas cosas, es el notar la simpleza con la que se toman posturas influenciadas por intereses diversos, muchos de los cuales siempre quedan en las sombras, y algunos hasta son inconscientes por aquellos que los propagan.

    Es por eso que no me gusta mucho el seguir noticieros o diarios, a los cuales accedo de a poco, de diferentes fuentes; aunque eso mismo permite ver una suerte de réplica del medio más influyente.

    Lo que me queda de este pensamiento fugaz, que siempre va y viene, es que siempre hay que ver un poco más adentro de lo que se nos dice, siempre hay que sospechar, y preguntarse por qué. Cuando algo se acepta como natural, ese es el momento de ponerlo en duda, porque siempre lo natural tiende al cambio, no al estancamiento; y si algo se estanca, alguien buscará la forma de beneficiarse de eso.

  • La prisión del rey

    El rey no podía salir de su palacio, más allá de que no había ninguna puerta que lo impidiera. Afuera la gente corría desesperada, la batalla que se libraba en las calles de la ciudad parecía no tener fin; algunos mataban sin piedad, otros corrían porque no querían -o no podían- pelear o defenderse. Las calles se teñían de sangre alrededor del palacio, quedando éste como inmutable ante tal espectáculo; las personas sabían que entrar en el palacio era lo peor que se podía hacer, pero igualmente alguna vez alguien se adentraba un poco, pero el solo hecho de pasar el límite definido por cuatro pilares que se podían ver a la distancia, ya era suficiente para que un mareo intenso los inunde, luego de ello seguía la sensación de muerte inminente. Una y otra vez sentían como sus cuellos se abrían, sus estómagos eran perforados, sus cabezas fisuradas; una y otra vez, a veces juntas. Ese era el motivo por el cual el rey era el único que podía estar en el palacio, gracias a una suerte de “bendición” en su coronación; algo que pasaba de rey a rey, por lo cual no era algo que se deseara, mayormente, sino que se imponía. Si por alguna fuerza de voluntad inquebrantable alguien llegaba a la sala del trono, el entrar ahí era lo último que realizaba, porque en ese preciso momento todos sus miedos se materializaban y era devorado por ellos. Ese quizás era el secreto del palacio, algo que ni el mismo rey llegaba a comprender por completo. En la sala posterior al trono se encontraba la sala del consejo, una habitación gigantesca, aunque solo el rey se encontraba en ella, en la pared opuesta se erguía un colosal espejo que hacía de intermediario entre los consejeros del rey, en ciertas ocasiones hasta parecía que el monarca se proyectara en la sala; pero eso era imposible, así como las personas no podían permanecer en el palacio, el rey no podía salir de él. En su corona tenía grabado internamente: “El trono es eterno, las calles no”.
  • La primavera

    Este día gris eterno
    que se llena del frío
    de la lluvia incesante
    que baila en la ventana

    esta lleno del tiempo
    que lentamente se escapa
    entre rutinas marchitas
    de cosas que ya no sé.

    Pero cuando tu llamas,
    oh tu simple llamado…
    solo esa simple piedrita
    y el vidrio se rompe

    y me llena la primavera
    que tiene tu nombre,
    se lleva este invierno
    que enfría mi vida.

  • El problema de la «e»

    Hace unos días me sorprendí con uno de los recuerdos de Facebook (herramienta muy útil para traernos recuerdos de personas que muchas veces ya no somos), en el que decía que había cosas que no lograba entender, como el lenguaje inclusivo. Sin embargo, el tiempo pasa y muchas veces eso ayuda a encontrar ciertas respuestas, por lo menos temporales.

    Como siempre voy a partir de un punto generalizado y de ahí deconstruir un poco. Tomando la definición de la RAE, «incluir» sería poner algo o a alguien dentro de una cosa o de un conjunto, o dentro de sus límites. Esto quiere decir que hay muchas formas de incluir a alguien en una conversación, discurso, escrito, etc.

    No es algo que haya empezado hace poco tiempo, antes ya se usaban símbolos como @ para sumar el conjunto a/o, también se usó/a “x”, o directamente una elipsis. Actualmente la moda está en la “e”, y el uso de uno u otro no es algo que realmente me moleste, pero prefiero hacer el uso de la elipsis de ser necesario.

    El problema de la “e”

    En realidad no hay un problema como tal en el uso de la “e” para dar el sentido de inclusión en un discurso, independientemente del formato que tenga, el problema radica en forzar el mismo. Reformulo, en el intento de no dar un género definido en ningún momento, se tiende a quitar el género en cada palabra que pueda tener una connotación sexista, en todo momento. Esto presenta el problema en sí, porque lo que se busca es normalizar ese tipo de expresión, y que pase a ser el uso común. Viendo esto con una analogía sería así: Si se usa una espada que tiene mucho filo para cortar todas las ramas que se crucen por el camino, cuando se necesite realmente cortar algo, ese filo ya se habrá gastado.

    Es por eso que ver o escuchar el uso del lenguaje inclusivo en contextos en donde no son necesarios, quita importancia a su uso; el naturalizarlo solamente lo hará más abstracto, el aprender el lenguaje de esa manera quitará el poder generar un quiebre, una pausa reflexiva en lo que se dice.

    Pese a eso no estoy en contra de que se use, creo que queda claro que en mi punto de vista (vamos a subrayar esto por las dudas no se entienda que siempre estas publicaciones son opinión personal) el uso tiene que estar condicionado a un fin específico. Para todo lo demás están los hiperónimos, o la riqueza misma del idioma, el español es muy detallista en sus términos en contraste con su par inglés, en donde el género cae muchas veces en el contexto. Como ejemplo de esto es decir «la gente» o «las personas», en lugar de «el hombre», y así con todo lo demás.

    Realmente se podría hablar mucho del rol del lenguaje en la representación del mundo (tomando el escrito anterior), pero eso ya será para otra ocasión. Simplemente me quedé con el uso masivo que se le da mayormente interpolando diferentes cosas, hasta lo cotidiano de una charla sobre cualquier tema, que lo que menos que tiene que ver es con algo sexista. Será cosa de ver con el tiempo nuevamente hacia donde me lleva el pensamiento, porque ir aprendiendo forma parte de poder desprenderse de todo lo aprendido.

  • La realidad: el multiverso

    La realidad: el multiverso

    Según la RAE, se define a la realidad como: Existencia real y efectiva de algo. Tomando eso como base muchas veces me pregunto: ¿qué tanto algo existe?

    Así como esa definición, o parte de ella, lo que existe es más un conceso sobre lo que es real y lo que no. Sin entrar en los detalles filosóficos y físicos sobre la materia y la relatividad -pero sin salir de ellos-, existe en el mundo común y ordinario, una suerte de multiverso de percepciones; reafirmando y moldeando esa realidad en la manera que pueda presentarse de forma constante y estable para la mayoría. Cualquier otra percepción fuera de esa general se asocia con la locura, ¿pero realmente eso es así?; o andaremos todos (spoiler: sobre este adjetivo tratará la siguiente publicación) medio locos por ahí, pero con la capacidad de hacer encajar nuestra interpretación de modo que no distorsione realmente la general.

    Se podría decir que no hay impacto en la realidad sobre los pensamientos que alguien pueda tener, hasta que esos pensamientos se vuelven acciones. Desde los actos más atroces, hasta las más extrañas bondades (peculiar que sean extrañas y las otras, esperables); tienen su raíz desde esos pensamientos que hacen que los mundos se quiebren. Nunca mejor utilizada la expresión: Cada persona es un mundo. Aun así, vivimos encajados en moldes que siempre van a condicionar nuestras acciones, que van a intentar contener las miles de colisiones que se dan a cada momento entre las diferentes personas. Quizás no se pueda escapar a eso, porque sería similar como intentar que no llueva, pero el tenerlo en cuenta permite el no ser tomado por sorpresa en el momento en que algo no encaje en nuestra forma de ver el día a día.

    Entonces, ¿de qué sirve hablar de la realidad, o de «multiversos»?

    En mi forma de verlo (en mi mundo, sería armonioso también), el ser consciente de algo permite tener un punto de vista mucho más enriquecido sobre lo que se está presenciando, o sobre todo aquello que esté interactuando con nosotros. De esa forma se puede reconocer de mejor manera los velos o hilos que están en esas cosas, y eso es no es poco; esa es la base para poder realizar los quiebres que sean necesarios realizar, o solidificar en todo caso.

    A este punto seguramente llegará la interrogante del motivo de escribir esto, de los cuáles y los por qué, y simplemente es algo conector; algo que día a día pienso un poco, antes de pasar a pensar en profundidad sobre un tema determinado, aunque solo sea el qué voy a cocinar.

    Un pensamiento flexible siempre permitirá corregirse y aprender de pensamientos anteriores, sean estos ciertos o no dependiendo del tiempo en que se generen, sin tener que sentir vergüenza o rechazo al hacerlo; muchas veces por el simple hecho de aceptar un error. Y aceptar tanto errores como aciertos es algo que es muy necesario, y que nunca dejará de serlo.

    *Ilustración improvisada luego de más de ocho años de no dibujar

  • Penumbras

    Penumbras

    Pero la calle está vacía, no hay sonidos que salgan de ningún lado. Las personas habían abandonado hace muchos meses todas las ciudades, bueno, las pocas que quedaban. Él ya no podía considerarse como una, por lo que rara vez se movía de día, con miedo de verse en algún reflejo; por lo menos la noche sabía ser más piadosa. El verse le daba más miedo de lo que pudiera encontrarlo en la oscuridad, quizás ese sería un mejor destino que estar hambriento sin poder comer nada más que carne. Carne que escaseaba, que se escapaba porque sus músculos estaban todavía en buena forma, porque la sangre corría libremente por sus venas; no como la del él, que era espesa, que seguía ahí sin saber bien cómo. A veces la sentía gotear desde su codo, porque el vendaje se aflojaba mientras se movía, pero no llegaba a darse cuenta porque no sentía el dolor, porque todo lo que podía sentir era un hambre insaciable.

    [Adelanto – En proceso]

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